Artículos de Opinión
¿Magnates millonarios al gobierno de las
naciones?
Por José Antonio Murillo Hernández
La invitación de Donald Trump a Carlos Slim
a una cena privada que resultó, según el propio Trump, maravillosa y en la que
Slim fue calificado ser una magnífica
persona, se presta a varias lecturas e interpretaciones, como de hecho ha ocurrido. Fue una reunión de un
Presidente Electo y magnate millonario con otro magnate empresario
multimillonario mexicano .Una interpretación que se antoja es si como hombres
de negocios pudo Trump entenderse mejor y más rápido que hablar con alguna autoridad política
mexicana. ¿Sería mejor hablar con un empresario que si entienda y siga las
reglas del juego y no con políticos que las rompan?
La cena en sí misma no tendría mayor
importancia para los ciudadanos mexicanos
salvo que Trump atacó a México y acusó a los mexicanos, sin distingos,
de ser violadores y traficantes de drogas y hasta ahora no se ha escuchado
ninguna disculpa y tampoco ha cancelado su amenaza electoral de construir un
muro fronterizo.
Tampoco ha reconsiderado su rechazo del TLCAN
que ha producido beneficios a los dos países ni ha evaluado que la pérdida de
empleos en algunas industrias como la automotriz no solo se debe a la mano de
obra mexicana más barata y eficiente sino a los procesos de automatización en
las manufacturas a nivel mundial. Sin embargo, la cena celebrada si requiere
que se diluciden los temas que fueron tratados y se conozcan para su análisis
lo positivo o lo negativo de los posibles impactos que puedan derivarse de los
mismos. Una cosa parece lógica y es que Slim no aceptó la invitación sin haber,
al menos por cortesía elemental, sido notificada al Gobierno de México. ¿
Hablaron solo de negocios?
En
esta perspectiva es de interés nacional saber qué temas se trataron y cuáles
fueron los entendimientos que se alcanzaron. ¿Cuáles fueron? ¿Son positivos para México? ¿Qué ofreció o
comprometió Slim? Al margen de estas cuestiones que es importante se divulguen
a la ciudadanía, surgen varias temáticas que es conveniente reflexionar y
analizar. Una de estas es si el perfil de un magnate empresario es mejor que el
de los políticos convencionales para gobernar un país como México. Trump parece
inclinarse por los magnates millonarios a quienes está invitando a conformar su
gabinete algunos de éstos conocidos por su conservadurismo racista. ¿Los
magnates millonarios pueden resultar mejores gobernantes en países de alta
concentración de riqueza e inquietantes índices de pobreza? ¿La experiencia en
administrar un negocio es válida para gobernar un país?
Algo resulta evidente y es que la clase
política mexicana no le merece respeto a Trump salvo cuando esté de acuerdo con
él como lo ha expresado respecto a los políticos de USA. Los partidos políticos
de aquí y allá han perdido credibilidad. La realidad a este respecto en México
es mayoritariamente coincidente: los políticos mexicanos, con escasas
excepciones, son ladrones y gozan de impunidad sin cortapisas. Se hacen
políticos para hacer negocios y convertirse en magnates millonarios. Los
escándalos de los ex gobernantes delincuentes son cada vez en mayor número. ¿Se
requeriría entonces elegir a los magnates millonarios para que gobiernen porque
podría suponerse que ya no tendrían
apetito de robar? ¿Podría la mentalidad de un magnate millonario transformarse
en la de un estadista?
¿Al borde del precipicio inflacionario? ¿O estamos ya cayendo?
Por José Antonio Murillo Hernández
Los llamados expertos en el análisis de los índices de precios desestiman el pronóstico del Banco de México para el 2017 y señalan que será del 4.3% en lugar del 3.1%. Sin embargo, la realidad que se observa, no en los escritorios, sino en los pisos de los comercios y proveedores de productos y servicios en general, es del todo diferente. La escalada de aumentos de precios ya comenzó y tal parece no tiene barreras de contención alguna. Tales pronósticos estadísticos reflejan una vez más el falseamiento de la realidad.
Y los ciudadanos nos preguntamos en qué país paradisíaco viven los que hacen tales estimaciones porque en este México las cosas cotidianas son totalmente diferentes. Baste señalar algunos datos que desmienten la veracidad de tales pronósticos: la devaluación del peso frente al dólar;
el aumento de las gasolinas para 2017, la revisión casi segura del aumento de las tasas de interés para tarjetas de crédito y préstamos hipotecarios para la compra de viviendas; el alza de precios de alimentos nacionales y de importación; el incremento del cemento ( 11% ) y de los materiales para la construcción; el aumento, ahora en el Estado de Nuevo León y, con alta probabilidad se extienda por imitación al res to del país, de los impuestos prediales, del impuesto sobre adquisición de inmuebles ( ISAI ), del impuesto a las bebidas al alcohol del 4.5% adicionales a los otros impuestos con que ya están gravaos estos productos. Con aparente justificación se aprueba aumentar del 2% al 3% el ISAI lo cual se convierte en un factor inhibitorio para la compra de casas. Y con cinismo ramplón dicen si solo es un 1% cuando en realidad están aumentándolo en un 50%.
Los aumentos de los costos de productos y servicios de los sectores públicos y privados los presentan como absolutamente justificados e incapaces de impactar la tendencia al alza de la inflación en México. Ya no son presiones inflacionarias. Son hechos reales. ¿Podríamos imaginar con optimismo que solo estamos al borde de un precipicio inflacionario como ya lo hemos sufrido en otras épocas? O bien, ¿que ya vamos en caída libre al precipicio inflacionario?
Al margen de cuestionar los aspectos metodológicos para la elaboración de los diferentes de precios, habría que preguntar a las autoridades el por qué razones no se disminuye el gasto corriente y se armoniza la política fiscal con la política monetaria. Hasta el momento, no hemos escuchado los ciudadanos ninguna acción para reducir los salarios, prestaciones y privilegios de los diputados y senadores, ministros de las Cortes de Justicias, de los gobernadores, de los secretarios de la Federación y de los altos funcionarios de las tantas comisiones nacionales cuya eficacia se desconoce. Hasta ahora solo un reducido número de diputados han expresado que no aceptarán el bono navideño. ¿Y los demás? El Gobierno ya soltó la jauría hambrienta de los gobiernos estatales y municipales para que aumenten la recaudación a como dé lugar y la propia federación está haciendo lo mismo. El ajuste debiera ser equitativo no solo a cargo del último causante y consumidor. La población reclama con razón que los gobernantes ladrones devuelvan los dineros robados de las arcas .La población reclama que la transparencia sea real y no solo tema de discursos y declaraciones a la prensa para adornarse como salvadores de la Patria. Lo doloroso de una política fiscal equitativa que se oriente a crear empleos y reducir el sobreendeudamiento para financiar el gasto corriente debe ser aplicada primero en el ámbito gubernamental y no en contra de la ciudadanía en general. No debiera haber dudas en parar en seco la corrupción omnipresente y la impunidad cínica de los políticos de todos los partidos Una política fiscal equitativa debe pensar en el otorgamiento de incentivos a los últimos causantes y consumidores y creadores de empleos.
¿La reforma energética es la ruta de la dependencia?
Por José Antonio Murillo Hernández
Las noticias sobre el aumento de los precios de las gasolinas y otros problemas en el sector energético son cada vez más espeluznantes y desalentadoras. Y se vienen en cascada múltiples cuestionamientos sobre las supuestas maravillas de la reforma energética.
¿La reforma energética es la ruta de la dependencia? ¿O aún más es la política entreguista al capital extranjero? ¿Y qué dice, piensa y hace el Secretario de Energía que parece más un secretario sin energía y dependiente de las políticas, decisiones y promociones de la Secretaría de Hacienda?. ¿Son éstas las correctas? ¿No existen otras alternativas viables para incrementar la refinación del petróleo? ¿No se pudo anticipar con oportunidad y con una visión nacionalista cómo financiar la infraestructura para aumentar los centros expendedores y almacenamiento de combustóleos? ¿No cupo en su imaginación de qué manera los pequeños ahorradores pudieran participar canalizando sus ahorros con un rendimiento en términos reales como se los están garantizando a los gasolineros (margen del 6.5%)?
Enfaticemos algunas desalentadoras noticias. Según el dicho del Director General de Pemex el aumento de las gasolinas en el 2017 será hasta del 20%. La importación de gasolina de enero a octubre del 2016 representa el 86.3% solo de Estados Unidos de América (USA). Además, el total de litros importados asciende a la fantástica cifra de 22,600 millones. El resto de las importaciones proviene Holanda, Bahamas, Reino Unido y Singapur. ¿Es esta la ruta del progreso con la reforma energética? ¿Es esto que México pasó a la mayor league?
Adicionemos datos para el desaliento. La liberación total de precios ocurrirá en el 2018. Entonces, ¿cuáles serán los precios de las gasolinas para los transportes aéreos, marítimos, ferroviarios y carreteros? ¿Cómo alentarnos con los resultados de las licitaciones de la Ronda 1.4 de acuerdo a la cual el 75% fueron ganadas por empresas de Europa, Oceanía y Asia? ¿Y qué de las otras asociaciones de Pemex con Chevron y otras compañías extranjeras? ¿Cómo creer como ciertas o factibles las estimaciones del Consejo Coordinador Empresarial de que la logística energética generará inversiones entre 5000 y 7000 millones de dólares en centros de distribución y expendedores? Aceptando sin que esto pudiera ocurrir. ¿Sería inversión extranjera o de nacionales? ¿Y si fuera de extranjeros no nos estaríamos encaminando por la inexorable ruta de la dependencia? Preguntas adicionales. Si se acepta que tendrán éxito en captar por concepto del IEPES 280,000 millones de pesos, ¿por qué no canalizarlos a la construcción de una refinería que aminore la dependencia de las importaciones de USA y de otros países?
Lo cierto que hasta ahora la caída del peso continúa y los aumentos de precios están a la orden del día. Las preocupaciones del Banco de México que los aumentos de la gasolina y del diésel serán un factor que impulse la inflación. ¿Todavía estamos en posibilidad de salvarnos de caer en el precipicio inflacionario? ¿Quién nos protegerá para defendernos de los gasolinazos anunciados y programados por regiones? ¿Podrían pensar en todos los ciudadanos sin que todas las cargas caigan sin justificación solamente en ellos? La ciudadanía está ya muy pandeada por todos los problemas generados por la corrupción y la impunidad.
La ciudadanía entre los optimistas falsarios y los realistas catastrofistas
José Antonio Murillo Hernández
La sociedad mexicana se encuentra ahogada y sofocada entre el optimismo fantasioso y falto de verdad y el realismo catastrófico para avanzar hacia el progreso, la justicia y el bienestar. Para los optimistas fantasiosos todo está bien. Para los realistas catastrofistas todo está mal. Y ni los unos ni los otros deciden verse en el espejo de la verdad.
Los optimistas fantasiosos lanzan la bufalada noticiosa de los análisis estadísticos comparativos del progreso en todos los órdenes y latitudes: la economía está sana y vigorosa; la criminalidad disminuye; la inflación está bajo control; los gobernantes ladrones están bajo investigación y ya fueron expulsados de los partidos políticos la moneda mexicana está firme frene al embate de la volatilidad especulativa, racista y proteccionista internacional.
Los realistas son acusados de catastrofistas e incapaces de reconocer las cosas que sí cuentan y que, obviamente realizan los optimistas encaramados en el poder. Y en este jaloneo entre los decires de los optimistas falsarios y los realistas pesimistas, el ciudadano común y ordinario se plantea innumerables cuestionamientos que no son analizados ni respondidos con verdad.
¿Por qué se toleran los endeudamientos de los gobiernos de los tres niveles sin que nadie pueda detenerlos?
¿Dónde está la responsabilidad y debida vigilancia de la autoridad hacendaria y de los bancos acreedores que dejaron pasar tales niveles de deuda pública?
¿Por qué existen los huecos en los presupuestos de egresos que nadie conoce y que se deduce son manipulados a discreción por las autoridades en turno?
¿Por qué se mantienen esquemas obsoletos como las tierras ejidales que no se cultivan y están ociosas y a la espera especulativa de que el crecimiento urbano las alcance?
¿Por qué se tienen que subsidiar a los partidos políticos y al sin fin de organizaciones supuestamente no gubernamentales?
¿Por qué se permite la herencia de las plazas en los sindicatos de entidades gubernamentales y paraestatales?
¿Por qué se pensionan, sin razones válidas, y se jubilan a políticos y ex funcionarios de los gobiernos?
¿Por qué se mantiene la impunidad para gobernantes y funcionarios que han delinquido?
El listado de los por qué se vuelve interminable.
¿No sería razonable que se extinguieran los subsidios a los partidos políticos?
¿No sería conveniente elaborar y dar a conocer un censo de los ex gobernantes y funcionarios jubilados o pensionados?
¿No sería necesario un censo de las tierras ejidales que están ociosas y abrirlas al cultivo para rescatar la soberanía alimentaria que alguna vez se presumió?
El listado de los cuestionamientos sobre las causas y efectos de la problemática nacional sería interminable y crecientemente frustrante dado que no se aprecia una voluntad verdadera para acabar con la corrupción, la impunidad, la inseguridad y el desprecio al ciudadano de la calle indefenso y de fragilidad extrema frente a los grupos de interés en uno y bando de optimistas y realistas.
BANXICO: la Autonomía y las Tentaciones del Poder
Por José Antonio Murillo Hernández
Han pasado ya algunas semanas del anuncio de la renuncia de Agustín Carstens como Gobernador del Banco de México. Una situación de esperar era que de inmediato se soltara la jauría, como de hecho ha ocurrido, de los comentarios, la mayoría de éstos en exceso recriminatorios, sobre la supuesta falta de responsabilidad al renunciar a la posición de Gobernador en la situación de crisis que vive México antes y después del sorpresivo, suspicaz y ampliamente cuestionado triunfo electoral de Donald Trump.
A Carstens se le criticó por un supuesto egoísmo desconsiderado con su Patria. De alguna manera se le indició como un mal o ingrato mexicano que solo buscó alcanzar una chamba de prestigio a nivel internacional, sin preocuparse de apicar sus experimentadas capacidades como banquero del banco central de México a favor del país. Diríamos que rechazó convertirse en héroe nacional aceptando el cruel destino del águila que cae.
Los señalamientos más considerados le reprochan lo inadecuado de su renuncia tomando en cuenta el pésimo momento en que las amenazas y agravios del presidente electo, hasta el presente, de los Estados Unidos de América puedan convertirse en una realidad que descarrile la economía nacional. Queda la impresión de que la mayoría de las opiniones críticas y excesivamente agresivas consideran que Carstens es el único sostén de la estabilidad financiera y económica de México.
Tales críticas pasan por alto que la desaceleración de la economía mexicana, que la volatilidad financiera dentro y fuera de México, que las presiones inflacionarias, que la devaluación del peso frente dólar, son únicamente causadas por las decisiones de la política monetaria que decide la Junta de Gobierno del Banxico, sino que por lo contrario, son también generadas por el sobreendeudamiento del Gobierno Federal, por la corrupción extendida a lo ancho y largo del territorio nacional de los diferentes niveles de la administración pública; por la renuencia a disminuir el gasto corriente; por la impunidad de los gobernantes que han robado los miles de millones de las arcas nacionales, estatales y municipales; por el subsidio a los partidos políticos y a las organizaciones civiles no gubernamentales, y por un amplio conjunto de acciones y omisiones del sector público más preocupado de las especulaciones políticas a nivel internacional que de dirigir sus actuaciones hacia el desarrollo del mercado interno para favorecer no solo a los grandes consorcios nacionales e internacionales, sino a todos los hombres y mujeres que andan en las calles en busca de un bienestar no solo de supervivencia sino de progreso real y no color de rosa y optimistamente falsario como lo pregonan los funcionarios del sector público.
La crisis de México no es solo responsabilidad del Banco de México, de su Junta de Gobierno y de su Gobernador. En esta perspectiva, las críticas hechas a Carstens se antojan carentes de objetividad, ya que, a fin de cuentas, habría que conocer los objetivos de la Ley del Banco de México y el carácter mismo de éste como una institución autónoma. Esta condición, la autonomía, es la que parece estar en riesgo de convertirse en sumisa frente al acoso potencial del poder.
¿De qué sirve que el Banxico tenga la función clave de ser asesor del Gobierno Federal si éste desoye los señalamientos repetidamente expuestos sobre los riesgos que alertan los focos rojos de las finanzas nacionales?
¿De qué sirve que el banco central sugiera o proponga la reducción del gasto corriente si en el Presupuesto de Egresos de la Federación no se corrigen los “huecos” señalados y que son los instrumentos de manipulación y de cooptación generalizada; si no se disminuyen los exagerados, abusivos altos ingresos, prestaciones y privilegios de los diferentes niveles del aparato público; si no se cancelan las partidas injustificadas de organismos que no funcionan y que tienen solo la virtud de abultar aún más el obeso cuerpo burocrático?
Ha sido definitivamente injustificado el acusar a Carstens de ser el factor de inestabilidad de México. Los pésimos momentos de México no surgen a partir de la renuncia anunciada y programada de Carstens. Estos, como en la fábula de Augusto Monterroso, ya estaban ahí y continúan estando presentes ahora para el infortunio y desconsuelo de los mexicanos que, salvo su fe en la Guadalupana, han perdido su confianza en los políticos y gobernantes del país.
Finalmente y al margen de toda polémica, ¿por qué condenar el derecho constitucional de un ciudadano “a dedicarse a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode siendo lícitos”? Carstens como cualquier otro ciudadano tiene el derecho a la libertad de elegir en qué y en dónde trabajar. La andanada crítica parecería más bien responder al propósito de esconder las causas reales de su renuncia inducida, voluntaria u obligada.
Ojalá que la prepotencia e intolerancia del poder no destruyan la autonomía y credibilidad ganada por el Banxico, y que quien sea propuesto como el Gobernador sustituto defienda la autonomía de la institución para que ésta no sucumba frente a las tentaciones del poder.
¿Al borde del precipicio inflacionario? ¿O estamos ya cayendo?
Por José Antonio Murillo Hernández
Los llamados expertos en el análisis de los índices de precios desestiman el pronóstico del Banco de México para el 2017 y señalan que será del 4.3% en lugar del 3.1%. Sin embargo, la realidad que se observa, no en los escritorios, sino en los pisos de los comercios y proveedores de productos y servicios en general, es del todo diferente. La escalada de aumentos de precios ya comenzó y tal parece no tiene barreras de contención alguna. Tales pronósticos estadísticos reflejan una vez más el falseamiento de la realidad.
Y los ciudadanos nos preguntamos en qué país paradisíaco viven los que hacen tales estimaciones porque en este México las cosas cotidianas son totalmente diferentes. Baste señalar algunos datos que desmienten la veracidad de tales pronósticos: la devaluación del peso frente al dólar; el aumento de las gasolinas para 2017, la revisión casi segura del aumento de las tasas de interés para tarjetas de crédito y préstamos hipotecarios para la compra de viviendas; el alza de precios de alimentos nacionales y de importación; el incremento del cemento ( 11% ) y de los materiales para la construcción; el aumento, ahora en el Estado de Nuevo León y, con alta probabilidad se extienda por imitación al res to del país, de los impuestos prediales, del impuesto sobre adquisición de inmuebles ( ISAI ), del impuesto a las bebidas al alcohol del 4.5% adicionales a los otros impuestos con que ya están gravaos estos productos. Con aparente justificación se aprueba aumentar del 2% al 3% el ISAI lo cual se convierte en un factor inhibitorio para la compra de casas. Y con cinismo ramplón dicen si solo es un 1% cuando en realidad están aumentándolo en un 50%.
Los aumentos de los costos de productos y servicios de los sectores públicos y privados los presentan como absolutamente justificados e incapaces de impactar la tendencia al alza de la inflación en México. Ya no son presiones inflacionarias. Son hechos reales. ¿Podríamos imaginar con optimismo que solo estamos al borde de un precipicio inflacionario como ya lo hemos sufrido en otras épocas? O bien, ¿que ya vamos en caída libre al precipicio inflacionario?
Al margen de cuestionar los aspectos metodológicos para la elaboración de los diferentes de precios, habría que preguntar a las autoridades el por qué razones no se disminuye el gasto corriente y se armoniza la política fiscal con la política monetaria. Hasta el momento, no hemos escuchado los ciudadanos ninguna acción para reducir los salarios, prestaciones y privilegios de los diputados y senadores, ministros de las Cortes de Justicias, de los gobernadores, de los secretarios de la Federación y de
los altos funcionarios de las tantas comisiones nacionales cuya eficacia se desconoce. Hasta ahora solo un reducido número de diputados han expresado que no aceptarán el bono navideño. ¿Y los demás? El Gobierno ya soltó la jauría hambrienta de los gobiernos estatales y municipales para que aumenten la recaudación a como dé lugar y la propia federación está haciendo lo mismo. El ajuste debiera ser equitativo no solo a cargo del último causante y consumidor. La población reclama con razón que los gobernantes ladrones devuelvan los dineros robados de las arcas .La población reclama que la transparencia sea real y no solo tema de discursos y declaraciones a la prensa para adornarse como salvadores de la Patria. Lo doloroso de una política fiscal equitativa que se oriente a crear empleos y reducir el sobreendeudamiento para financiar el gasto corriente debe ser aplicada primero en el ámbito gubernamental y no en contra de la ciudadanía en general. No debiera haber dudas en parar en seco la corrupción omnipresente y la impunidad cínica de los políticos de todos los partidos Una política fiscal equitativa debe pensar en el otorgamiento de incentivos a los últimos causantes y consumidores y creadores de empleos.
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